Palabras del Torá / a “vort” of Torah from R’ Sunny Schnitzer

Each month Bayit offers regular video “vorts” (words of Torah / teachings from Jewish tradition) offered in or translated into Spanish, designed for Cuban Jewish communities and available to Spanish-speaking Jews everywhere. This month’s offering features a teaching from Rabbi Sunny Schnitzer. The text follows the video link, in Spanish and then in English. Deepest thanks to Rabbi Juan Mejia for translation help.

Find this month’s video here. 

A menudo  durante nuestra amistad, diecisiete años después de conocernos en mi primera visita a Cuba, hemos comentado cómo nuestro judaísmo nos une. No importa cuán lejos vivamos los unos de los otros, no importa las diferencias en nuestras culturas nacionales, hay mucho más cosas que nos unen que aquellas que nos separan. Compartimos una historia, una cultura, una forma de ver el mundo a través de los lentes de la Torá.

Ahora mismo, en medio de esta pandemia mundial, compartimos las máscaras, los dos metros de distancia al hacer cola, la escasez de papel higiénico (una novedad en Estados Unidos).

No comparo nuestras situaciones. En verdad, no hay comparación. Pero se necesitará la misma acción por parte de todos para sacarnos de esta oscuridad. Debemos trabajar más duro para compartir nuestra luz.

Es un principio espiritual que cuando compartimos nuestra luz espiritual con otros, nuestra luz no disminuye sino que aumenta. Cuanta más luz compartimos con los demás, más luz fluye a través de nosotros.

Janucá es algo realmente simple. A diferencia de Pesaj o Sucot, que requieren mucha preparación: limpiar la casa, hornear o ubicar la matzá, construir la sucá, Janucá requiere poca preparación. A diferencia de las festividades que también tienen restricciones, Janucá no tiene restricciones.

Uno simplemente enciende la Janukia durante ocho noches y uno se apega a la luz y bendición divinas. Es simple, pero profundo. En una época del año cuando los días son más cortos y las noches más largas; Janucá irradia esperanza, fe y amor incondicional, recordándonos que debemos soñar de nuevo, que nuestros sueños son hermosos e importantes. La capacidad de aferrarse a los sueños y la esperanza, incluso en medio de una crisis, es lo que ha sostenido a nuestra gente en sus días más oscuros.

Los macabeos lucharon por la supervivencia del espíritu en medio de una presión inimaginable para cambiar su forma de vida.

La suya fue una afirmación clara que suena a lo largo de la historia y llega a nuestra época.

No importa cuán atractiva sea la cultura del mundo en general, no importa cuán seductora sea, de alguna manera los judíos deben seguir siendo judíos. El milagro del aceite que usaron los Macabeos para encender la Menorah en el Templo es la declaración definitiva

La idea de un mundo sin judíos e ideales judíos fue rechazada. Y el rechazo de la oscuridad fue recompensado con una revelación de luz que ha mantenido vivo a nuestro pueblo durante más de dos mil años.

No importa lo que esté sucediendo en el mundo externo, Janucá nos enseña que podemos ser libres y que no debemos estar limitados por nuestros miedos. Podemos vivir nuestras vidas con mayor integridad, gratitud, amor y belleza, incluso en medio de nuestros desafíos.

Es un principio espiritual que cuando compartimos nuestra luz espiritual con otros, nuestra luz no disminuye sino que aumenta. Cuanta más luz compartimos con los demás, más luz fluye a través de nosotros “.

Que te inspire la luz en la oscuridad.

¡Feliz Janucá!


During our friendship, now going on 17 years since we met on my first visit to Cuba, we have remarked often on how our Judaism brings us together. No matter how far away we live from each other, no matter the differences in our national cultures, there is much more that keeps us together than apart. We share a history, a culture, a way of looking at the world through the lens of Torah.

Right now, in the midst of this worldwide pandemic we share the masks, the standing 6 meters apart in lines, a shortage of toilet paper (a first in the United States).

I do not compare our situations. In truth, there is no comparison. But it will take the same action by everyone to bring us through this darkness. We must work harder to share our light.

It is a spiritual principle that when we share our spiritual light with others, our light is not diminished but increased. The more light we share with others, the more light flows through us.

Hanukah is a simple thing really. Unlike Pesach or Sukkot which require much preparation – clean the house, bake or locate the matzah, build the sukkah, Chanukah requires little preparation. Unlike those holidays which also have restrictions, Chanukah as no restrictions.

One simply lights the Chanukiah for eight nights and one is attached to Divine light and blessing. It is simple, but profound. At a time of the year when the days are shortest and nights are the longest; Chanukah radiates hope, faith, and unconditional love, reminding us to dream again, that our dreams are beautiful and important. The ability to hold onto dreams and hope, even in the midst of crisis, is what has sustained our people in their darkest days.

The Maccabees fought for the survival of the spirit in the midst of unimaginable pressure to change their way of life.

Theirs was a clear statement that sounds throughout history and reaches us in our era.

No matter how attractive the culture of the larger world, no matter how seductive, somehow Jews must continue to be Jews. The miracle of the oil that the Maccabees used to light the Menorah in the Temple is the ultimate statement

The idea of a world without Jews and Jewish ideals was rejected. And the rejection of the darkness was rewarded with a revelation of light that has kept our people alive for over two thousand years.

No matter what is happening in the external world, Chanukah teaches us that we can be free and we need not be limited by our fears. We can live our lives with greater integrity, gratitude, love and beauty, even in the midst of our challenges.

It is a spiritual principle that when we share our spiritual light with others, our light is not diminished but increased. The more light we share with others, the more light flows through us”.

May you be inspired by the light in the darkness.

Happy Chanukah!

 

 

Rabbi Sunny Schnitzer

By Rabbi Sunny Schnitzer. Translation help from Rabbi Juan Mejia.

Palabras del Torá / a “vort” of Torah by R’ David Markus

Each month Bayit offers regular video “vorts” (words of Torah / teachings from Jewish tradition) offered in or translated into Spanish, designed for Cuban Jewish communities and available to Spanish-speaking Jews everywhere. This month’s video offering features a teaching from Rabbi David Markus. The text follows the video, in Spanish and then in English. Deepest thanks to Rabbi Juan Mejia for translation.

 

 

Hola mis amigos.  Desde mi corazón en Nueva York al vuestro en Cuba, envío mis bendiciones para esta sagrada temporada de “lo que viene después”.

“Lo que viene después” es nuestra eterna pregunta humana y también es nuestra pregunta espiritual para este mes.  Es una pregunta sagrada no porque este mes contenga fiestas sagradas, sino justamente por la razón contraria.

En nuestro calendario laico, es noviembre.  Escasamente puedo creer que ha sido un año entero desde mi visita a Cuba.  Aún un año después siento cuán viva se sentía Cuba en Noviembre comparado con Nueva York.  El poeta británico Thomas Hood escribió que todas las cosas más bellas terminan en noviembre.

Sin calor, ni alegría, ni saludable facilidad,

Sin sensación cómodo en ningún miembro-

Sin sombra, sin brillo, sin mariposas ni abejas,

Sin frutas, sin flores, sin hojas, sin aves,

Noviembre!

Pero no en Cuba.  Y no sólo por el clima.  Especialmente en medio de la dificultad, la comunidad judía de Cuba compartió  su tesón, su pasión, su espíritu de bienvenida y su propio ser.  Nos fuimos cambiados para siempre.  Parte de nuestros corazones todavía está con ustedes, especialmente ahora en medio de la adversidad que azota a gran parte del mundo.

Así que es especialmente significativo que este noviembre comience en el medio del mes judío de Jeshvan.  Jeshván es nuestro único mes sin fiestas-  sin tiempo sagrado dedicado a nuestros rituales, reuniones, devoción, orgullo, alegría, dolor, ansia y aprendizaje.  Después del intenso mes judío de Tishré, lleno de fiestas como Rosh Hashaná, Yom Kippur, Sukkot y más, súbitamente ya no hay más.

A veces la sabiduría más grande del judaísmo es sutil: el judaísmo nos enseña no sólo a través de las grandes fiestas y proclamaciones sino también a través de lo que el profeta Elías experimentó como la “tranquila voz susurrante” de nuestro interior.

Igualmente con Jeshván.  Un mes entero con una súbita ausencia de fiestas judías nos enseña que la vida judía no gravita alrededor de las fiestas.  Más bien, la vida judía tiene que ver con nuestro día a día, la rutina aparente con la que interactuamos los unos con los otros.  El judaísmo gravita alrededor de nuestra devoción, orgullo, alegría, dolor, ansia y aprendizaje a través de todo nuestra vida, y no sólo en ocasiones especiales.

Sí, las ocasiones especiales son jusatmente eso: especiales.  Son oportunidades especiales para reunirnos y celebrar, especialmente cuando el esfuerzo implicado en reunirnos es física y económicamente desafiante.

En contraste, Jeshván centra nuestra atención en el judaísmo y las mitzvot (mandamientos) de la vida judía en el resto del tiempo, ya que no vivimos sólo para las fiestas.  En efecto, vivimos todos los días. Vivimos para nuestras familias y amigos, para tener oportunidades de aprender, para tratarnos bien los unos a los otros, para buscar y encontrar gratitud por nuestras bendiciones así sean pequeñas, para la alegría de celebrar shabbat cada semana.  Buscamos y, a veces, incluso encontramos lo sagrado en nuestras vidas cotidianas.

Tal vez ese sea el secreto judío para sobrevivir y prosperar a través de los siglos.  Nuestro secreto está en nuestras fiestas compartidas, pero más aún en vivir nuestra identidad orgullosamente, nuestra misión y nuestro credo todos los días.  Que este Jeshván, el mes sin fiestas judías, nos recuerde que el amor, la alegría y el sentido de nuestra vida judía nos aguarda en cada día, en cada alma, en cada lugar y en cada momento.

Hello, my friends.  From my heart in New York to yours across Cuba, I send blessings for this sacred season of “what comes next.”

“What comes next,” our eternally human question, also is our spiritual question this month. It’s a sacred question not because this month brings sacred Jewish holidays, but precisely for the opposite reason.

In our secular calendar, it’s November.  I barely can believe that it’s been a whole year since my community and I visited Cuba.  Even a year later, I feel how alive Cuba’s November felt compared to New York.  British poet Thomas Hood wrote that most everything beautiful ends in November:

No warmth, no cheerfulness, no healthful ease,
No comfortable feel in any member—
No shade, no shine, no butterflies, no bees,
No fruits, no flowers, no leaves, no birds,
November!

But not in Cuba – and not only because of climate.  Especially amidst hardship, the Jewish communities of Cuba shared with us your resilience, your passion, your welcoming spirit and your very selves.  We left changed forever. Part of our hearts still is with you, especially now amidst continuing adversity for so much of the world.
So it’s especially poignant that this November begins midway into Judaism’s spiritual month of Cheshvan.  Cheshvan is our only month with no holidays – no specially sacred times to focus our rituals, gatherings, devotion, pride, joy, grief, yearning or learning.  After Judaism’s intense month of Tishrei full of holidays like Rosh Hashanah, Yom Kippur, Sukkot and more, suddenly there are none.
Sometimes our Jewish tradition’s greatest wisdom is subtle: Judaism teaches us not only in the big festivals and proclamations but also in what Elijah the prophet experienced as “the still, small voice” inside.
So too with Cheshvan. A whole month’s sudden absence of Jewish festivals can teach us that Jewish life actually isn’t about festivals at all. Rather, Jewish life is mostly about our day to day, our seemingly routine of how we treat each other. Judaism is about our devotion, pride, joy, grief, yearning and learning together throughout our lives, not just on special occasions.
Yes, special occasions are just that – special.  They’re special opportunities to gather together and celebrate, especially when the effort of gathering can be physically and economically challenging.
But Cheshvan focuses us on our Judaism, and mitzvot (commandments) of Jewish life the rest of the time, because we don’t live only for festivals. After all, we live each day.  We live for our families and friends, for chances to learn, for treating each other well, for seeking and finding gratitude for blessings however small, for joyfully making Shabbat every week.  We seek and sometimes even find the sacred in our daily lives.
Maybe that’s Judaism’s secret of surviving and thriving over the centuries.  Our secret is partly in our shared festivals, but mostly in pridefully living our identity, our calling and our creed every day.  May this Cheshvan, this month with no Jewish holidays, remind us that the love, joy and meaning of Jewish life await us every day, in every soul, in every place and in every moment.
By Rabbi David Markus. Translation by Rabbi Juan Mejia.

Palabras del Torá / a “vort” of Torah from R’ Rachel Barenblat

Each month Bayit offers regular video “vorts” (words of Torah / teachings from Jewish tradition) offered in or translated into Spanish, designed for Cuban Jewish communities and available to Spanish-speaking Jews everywhere. This month’s video offering features a teaching from Rabbi Rachel Barenblat. The text follows the video, in Spanish and then in English. Deepest thanks to Rabbi Juan Mejia for translation.

 

Palabras del Torá / a “vort” of Torah from R’ Rachel Barenblat from Bayit: Building Jewish on Vimeo.

 

Shalom javerim.  Espero que sus Altas Fiestas hayan sido dulces y significativas.

En este mes, llega la fiesta de Simjat Torá, cuyo nombre significa “la alegría de la Torá.”  Cuando leemos la Torá todos los sábados, leemos todas las porciones de la Torá salvo la última, la cual se llama “Vezot Haberajá”, “ésta es la bendición.”  Esta porción final de la Torá contiene la última bendición que Moisés da a los Hijos de Israel y la muerte de Moisés mismo.  Esta porción no es leída en Shabbat, sino en Simjat Torá.

Y al leerla hacemos algo inesperado: pasamos inmediatamente del final de la Torá al comienzo.  Pasamos de la muerte de Moises a final de Deuteronomio directamente a la creación del Cosmos al comienzo del Génesis.  ¿Tal vez se pregunten por qué?

Una respuesta es que la muerte de Moisés es una historia triste.  La Torá nos dice: “Nunca más se alzó un profeta como Moisés.” Moisés fue nuestro más grande profeta, y ahora se ha ido.  Los sabios de nuestra tradición no querían dejarnos en la tristeza de esa pérdida.  Así que nos instruyeron a seguir inmediatamente con el comienzo del Génesis. Esto nos recuerda que esa pérdida no es el final de la historia– de ninguna historia. Todo final ofrece un nuevo comienzo. 

Otra respuesta es que al conectar el final de nuestra historia con el comienzo de nuestra historia aprendemos algo profundo sobre la tradición judía y sobre la Toŕa misma.

La última letra de la Torá es lamed, la cual termina la palabra Yisrael, nuestro nombre como comunidad y como pueblo.  La primera letra de la Torá es la letra bet, la cual comienza la palabra Bereshit.  “En el comienzo”, o “en un comienzo” o “al comenzar Dios a crear el cielo y la tierra…”

Cuando viajamos del final de la Torá al comienzo de la Torá, la última lamed y la primera bet, forman la palabra “lev”, “corazón”. El corazón de la Torá encontramos el amor.

Esta es una metáfora. ¡Y también es la simple y llana verdad! El verso que aparece en la mitad del libro medio del rollo es “amarás a tu prójimo como a ti mismo.”  Esta es llamada a veces “la mitzvá del Creador”.  Todas las 613 mitzvot vienen de Dios, pero esta ocupa un lugar especial en la tradición porque es, literalmente, el corazón de la Torá.  Esta mitzvá evoca el acto original de creación de DIos – un acto motivado, dicen nuestros místicos, por el amor y el deseo de estar en relación con nosotros.

En Simjat Torá conectamos el final con el comienzo y encontramos “lev”: el corazón amante de la Torá.

Hay amor en nuestros finales y hay amor en nuestros comienzos.  Hay amor que nos conecta con la Torá y amor que nos conecta los unos con los otros.  Hay amor en nuestro ocuparnos los unos de los otros y ocuparnos de nuestras tradiciones.  Como Rebekah Langus nos enseñó cuando visitamos Cienfuegos el otoño pasado, la labor de mantener una comunidad judía es una labor de amor.  Si nos ocupamos de nuestros semejantes y de nuestras tradiciones en soledad, corremos el riesgo de caer en el resentimiento y el cansancio.  Pero cuando nos ocupamos los unos de los otros y de nuestras tradiciones con amor, entonces este cuidado nos eleva colectivamente. 

En Simjat Torá, nos alegramos por el amor por nuestra historia compartida. Nos alegramos por el amor que llena nuestra historia compartida. Nos alegramos en nuestra habilidad de comenzar nuestra historia de nuevo al comenzar un nuevo año.  Y nos alegramos en la habilidad de superar el dolor para poder comenzar de nuevo, del ir del caos a crear algo nuevo con nuestros corazones y nuestras manos.  Esta es la tarea de la vida espiritual, y es la labor que ustedes conocen muy bien. 

Aun cuando comenzamos con ruptura, pérdida o caos, podemos construir algo mucho mejor con amor.  Tal vez ésta sea la bendición a la cual hace referencia el nombre de la última porción de la Torá: Vezot Haberajá.  No importa cuántas peŕdidas tengamos en nuestra historia, no importa cuáles sean nuestros desafíos, siempre podemos comenzar de nuevo, juntos, con amor. 

Que así sea en este nuevo año, para ustedes y para todos nosotros. 

 

 

Shalom chaverim! I hope your High Holidays were meaningful and sweet.

This month we reach the festival of Simchat Torah, whose name means “Rejoicing in the Torah.” When we read the Torah week by week, we read every Torah portion except for the final one, which is called V’Zot Ha-Brakha, “This Is The Blessing.” That final Torah portion contains the final blessing that Moses gives to the children of Israel, and it contains the death of Moses. We do not read this Torah portion on Shabbat. We only read it at Simchat Torah. 

And we do something strange when we read it: we move immediately from the end of Torah to the beginning. We go from Moses’ death at the end of Deuteronomy directly to the creation of the cosmos at the start of Genesis. Maybe some of you are wondering: why? 

One answer is that the death of Moses is a sad story. Torah tells us “Never again did there arise a prophet like Moses.” Moses was our greatest prophet, and now he is gone. The sages of our tradition didn’t want to leave us in the sadness of that loss. So they instructed us to move directly from there to the start of Genesis. This reminds us that loss is not the end of the story — any story. Every ending can also be a new beginning.

Another answer is that in linking the end of our story with the beginning of our story, we learn something deep about Jewish tradition and about Torah itself. 

The final letter in the Torah is the letter lamed, which ends the word Yisrael, our name as a community and a people. The first letter in the Torah is the letter bet, which begins the word B’reishit, “In the beginning,” or “in a beginning,” or “as God was beginning to create heavens and earth…” 

When we move from Torah’s end to Torah’s beginning, the closing lamed and opening bet form the word lev, “heart.” The heart of Torah is love. 

This is a metaphor. And it is also plain truth! The verse that appears in the very middle of the middle book of the scroll is “Love your neighbor as yourself.” This is sometimes called The Mitzvah Of The Creator. All 613 mitzvot come from God, but this one occupies a special place in the tradition because it is literally at Torah’s heart. This mitzvah evokes God’s initial act of creation — motivated, our mystics say, by love, and by the desire to be in relationship with us.

At Simchat Torah we link ending with beginning and find lev, Torah’s loving heart. 

There is love in our endings and love in our beginnings. There is love in what connects us with Torah, and love in what connects us with each other. There is love in our care for each other and our care for our traditions. As Rebekah Langus taught us when we visited Cienfuegos last autumn, the work of sustaining Jewish community is the work of love. If we tend to each other and our traditions out of duty alone, we may become resentful and depleted. But when we care for each other and for our traditions with love, then that care lifts us up together. 

At Simchat Torah, we rejoice in our love of our shared story. We rejoice in the love that fills our shared story. We rejoice in our ability to begin our story again as we begin a new year. And we rejoice in our ability to move from loss to starting over, from chaos to creating something new with our own hearts and hands. This is the work of spiritual life, and it is work that you know well. 

Even when we begin with brokenness, or loss, or chaos, we can build something better together with love. Maybe this is the blessing referenced in that final Torah portion’s name, V’Zot Ha-Bracha. No matter what losses are in our story, no matter what challenges are in our story, we always get to begin again, together, with love. 

May it be so in this new year, for you and for us all.

By Rabbi Rachel Barenblat. Translated by Rabbi Juan Mejia.

Isaiah + Sounds of Silence: video

Last year we shared a Yom Kippur haftarah from founding builder R’ David Markus — Isaiah 58 + Sounds of Silence. (At that link you can find a recording of the haftarah plus a marked-up PDF of the text annotated with haftarah trope.)

In response to a request on the Dreaming Up High Holidays 2020 Facebook group, R’ Shafir Lobb combined the recording from Soundcloud, the image from the blog post, and the text of the haftarah into a video suitable for screenshare during this pandemic year:

The video can be downloaded from google drive here.

If you are leading Zoom (or other digital) services during this pandemic year, you are welcome to use the video in your services, and/or to chant the haftarah yourself if you’re comfortable with haftarah trope.

May we all be sealed for goodness in the year to come.

 

Shafir Lobb

Haftarah by R’ David Markus. Video by R’ Shafir Lobb, rabbi of Congregation Eitz Chayim in Port St. Lucie, Florida.

Palabras del Torá / a “vort” of Torah from R’ Rachel Barenblat

Each month Bayit offers regular video “vorts” (words of Torah / teachings from Jewish tradition) offered in or translated into Spanish, designed for Cuban Jewish communities and available to Spanish-speaking Jews everywhere. This month’s video offering features a teaching from Rabbi Rachel Barenblat. The text follows the video, in Spanish and then in English.

 

Shalom javerim, 

En nuestro calendario laico es septiembre. En el calendario judío, estamos en el mes de Elul, el mes que nos conduce a las altas fiestas. 

Algunos enseñan que durante este mes debemos reparar nuestra relación con Dios y con la tradición judía, para que en los diez días de teshuvá entre Rosh Hashaná y Yom Kippur podamos reparar las relaciones entre nosotros. 

¡Otros enseñan que durante este mes, debemos reparar las relaciones entre nosotros para que durante los diez días de Teshuvá podamos reparar nuestra relación con Dios!

En ambos casos, esta es una época para la introspección y para discernir cómo debemos cambiar en el año por venir. 

En Rosh Hashaná el mundo vuelve a comenzar.  El nuevo año trae nuevas oportunidades para escoger: ¿Qué persona queremos ser? ¿Cuál será nuestra relación con la tradición judía y con nuestra Fuente?  ¿Cómo serán nuestra relación con los demás?

Las terribles realidades del coronavirus nos recuerdan que las acciones y elecciones de cada persona pueden afectar a toda la comunidad.  Hemos aprendido cuán fácilmente este virus se esparce, aún por personas que no saben que son portadores. 

Mis elecciones y comportamientos no sólo ponen en riesgo mi salud y mi seguridad sino la de mi familia y mi comunidad y la de todos a mi alrededor.  Porque todos estamos interconectados. 

Esta interconexión es lo que me da esperanza al aproximarnos al nuevo año.

Si trabajamos juntos podemos usar esta interconexión para lograr grandes cosas.  Detener la expansión del virus.  Protegernos los unos a los otros.  Ayudarnos los unos a los otros. Compartir y elevarnos los unos a los otros. 

El Talmud enseña “kol Israel arevim ze bazé” “todo el pueblo de Israel es responsable el uno del otro.”  Es decir, nosotros.  Somos descendientes de Jacob, quien se volvió Israel cuando luchó toda la noche con el ángel y recibió un nuevo nombre al alba.  Somos responsables el uno del otro.  Es nuestro trabajo ocuparnos de los demás en cualquier forma que podamos, porque estamos interconectados.

En Cuba, el otoño pasado presencié la fuerza y conexión de sus comunidades. Ustedes no necesitan el Talmud para saber que son responsables el uno del otro: ustedes lo viven, por quiénes son y por cómo viven.

He aquí otra cosa que me da esperanza: la interconexión más fundamental es verdadera, estemos o no estemos juntos en persona. 

Por supuesto que quiero abrazar a mis seres amados distantes en este momento.  He estado extrañando esos abrazos por meses.  Pero el amor que nos tenemos dura aún cuando no nos podemos tocar.  Del mismo modo que mi cariño por ustedes perdura, aún cuando no puedo estar presente con ustedes. 

Todos los días de Elul, hay una costumbre de rezar el Salmo 27.  Al final de éste viene el siguiente versículo: “Confía en Dios, mantén tu fuerza, abre tu corazón y confía en Dios.”

Nuestra tarea en esta época de teshuvá es aferrarnos a la esperanza.  Fortalecernos, abrir nuestros corazones el uno al otro y aferrarnos a la esperanza.  Aún en tiempos de pandemia o dificultad, aún cuando el mundo a nuestro alrededor parece carecer de sentido. 

La palabra hebrea “teshuvá” es muchas veces traducida como “arrepentimiento” y a veces como “retorno”.  Esta temporada nos llama a retornar a nuestro más alto y mejor ser. Las torá nos recuerda que la teshuvá no se encuentra en el cielo o más allá del mar, donde no podemos alcanzarla.  La teshuvá está muy cerca, en nuestros corazones. 

Y nuestros corazones saben que nuestra tarea en estos tiempos de pandemia es cuidar los unos de los otros.  Porque lo que acaece a una persona impacta al resto.  Porque nuestra interconexión nos hace fuertes, nos transforma en una comunidad, aún cuando estamos lejos. 

Que este nuevo año traiga salud, prosperidad, seguridad y dulzura para todos. 

 

Shalom chaverim.

On the secular calendar it is September. On the Jewish calendar, we are in the month of Elul, the month that leads us to the Days of Awe. 

Some teach that during this month, we should repair our relationship with God and with Jewish tradition, so that during the Ten Days of Teshuvah between Rosh Hashanah and Yom Kippur we can repair our relationships with each other.

And others teach that during this month, we should repair our relationships with each other, so that during the Ten Days of Teshuvah we can repair our relationship with God!

Either way, this is a season for looking inward and discerning how we need to change in the year ahead.

At Rosh Hashanah, the whole world gets to begin again. A new year brings new opportunities to choose. Who do we want to be? What will be our relationship with our Jewish tradition and with out Source? What will be our relationship with each other?

The terrible realities of the coronavirus remind us that each person’s actions and choices can impact the whole community. We have learned how easily this virus can spread, even through people who do not know they are carriers.

My choices and behaviors risk not only my own health and safety, but that of my family, and my community, and everyone around me. Because we are interconnected.

That interconnectedness is what brings me hope as we approach the new year.

If we work together, we can use our interconnectedness to do great things. To stop the spread of the virus. To protect each other. To help each other. To care for each other. To share with each other and uplift each other.

Talmud teaches “kol Yisrael arevim zeh bazeh,” “all of Israel is responsible for one another.” That means us. We are the spiritual descendants of Jacob, who became Yisrael when he wrestled all night with an angel and at dawn received his new name. We are responsible for one another. It’s our job to take care of each other in whatever ways we can. Because we are interconnected.

In Cuba last fall I witnessed the strength and connectedness of your communities. You don’t need Talmud to tell you that we are responsible for one another: you live it, because of who you are and how you are.

Here is another thing that brings me hope: our most fundamental interconnectedness is true, whether or not we are together in person.

Yes, of course, I want to hug my far-away loved ones right now. I have been aching for those hugs for months. But the love between us endures even when we can’t touch. Just as the caring I feel for you endures, even when I am unable to be with you in person.

It is traditional to pray Psalm 27 every day during Elul. At the end of that psalm comes the verse, “Keep hope in God; keep strong, and open your heart wide, and keep hope in God!”

Our task in this season of teshuvah is to hold on to hope. To stay strong, to open our hearts to each other, and to hold on to hope. Even in times of pandemic or hardship, even when the world around us may seem hopeless.

The Hebrew word teshuvah is sometimes translated as repentance, and sometimes as returning. This season calls us to return to our highest and best selves. Torah reminds us: teshuvah is not in the heavens, or across the sea, where we cannot reach it. Teshuvah is as near as our own hearts. 

And our hearts know that our task in this pandemic time is to take care of each other. Because what happens to one person impacts the whole. Because our interconnectedness makes us strong, and makes us into a community, even when we are apart.

May the new year that is coming bring health and prosperity, safety and sweetness for us all.

 

By Rabbi Rachel Barenblat. Translated by Rabbi Juan Mejia.

Zooming In the New Year

Here’s a sketchnote from Steve Silbert illustrating Bayit’s tips and suggestions for how to make the most out of this year’s Zoom Days of Awe:

Sketchnote of tips for t

 

And here’s a short video from founding builder R’ Rachel Barenblat on the same theme:

If you’d rather read about creating sacred space at home, instead of watching it on YouTube, you can find the text here at Rachel’s congregational blog.

 

 

 

Sketchnote by Steve Silbert; YouTube video by R’ Rachel Barenblat.

Palabras del Torá / a “vort” of Torah from R’ Sunny Schnitzer

Palabras del Torá Agosto 2020 from Bayit: Building Jewish on Vimeo.

Each month Bayit offers regular video “vorts” (words of Torah / teachings from Jewish tradition) offered in or translated into Spanish, designed for Cuban Jewish communities and available to Spanish-speaking Jews everywhere. This month’s video offering features a teaching from Rabbi Sunny Schnitzer. The text follows the video, in Spanish and then in English.

 


Hola mis amigos

Primero, permítame enviarle nuestra admiración por el pueblo cubano que ha hecho lo que Estados Unidos no ha podido hacer: controlar la pandemia del coronavirus. Esto se debe a la disciplina y la dedicación de los cubanos entre sí, a la comunidad. Kol Hakavod.

Sé que estos son los momentos más difíciles en Cuba. La privación económica y la incertidumbre lo socava todo.

Parece que el centro se está derrumbando.

Los judíos sabemos mucho acerca de perder nuestro centro.

Acabamos de pasar por Tisha B’av, el día más negro del calendario hebreo tradicional. Lloramos la destrucción del centro de la vida judía, Jerusalén. Lloramos las cosas que hemos perdido.

En nuestro viaje al punto más bajo de la vida espiritual judía nos llevó a través de Shabat Hazon, el Shabat de la Visión.

Tristemente, la visión que recibimos en nuestra Haftarah, del Profeta Isaías, es una visión de destrucción, miseria y muerte.

“¿Qué golpe caerá después, a medida que se desate más y más violencia y corrupción en la tierra? Si la nación fuera un cuerpo, toda la cabeza estaría enferma y todo el corazón se desmayaría;

Desde la planta del pie, incluso hasta la cabeza, no hay solidez en él; pero heridas, contusiones y llagas supurantes: no han sido tratadas, ni vendadas ni calmadas con medicamentos.

Tu país está desolado; tus ciudades se queman con fuego; los extraños devoran tu tierra en tu presencia, y está desolada.”

Es inquietante escuchar estas palabras pronunciadas hace dos mil quinientos años y mirar a nuestro alrededor hoy.

Pero la visión de Isaías nos recuerda también que nuestra tarea es trabajar por la salud y la paz.

Ahora, después de Tisha B’av, nos reunimos no solo para llorar lo que fue, sino también para aprender de él: para preguntar cómo llegamos aquí y ¿qué haremos ahora con lo que sabemos?

Debido a que hemos sobrevivido a tantas destrucciones en nuestra historia, el pueblo judío sabe mejor que cualquier otro que la humanidad es una. Nosotros, el pueblo judío y nuestro Dios, somos uno. El eterno Ejad.

El coronavirus no conoce límites ni fronteras. Nos está sucediendo a todos.

No hay “ellos”, solo somos nosotros y ninguno de nosotros está solo en esta lucha.

No sabemos qué pasará después en nuestro viaje por el Valle de la Sombra de la Muerte del Coronavirus. No sabemos lo que hay del otro lado.

Pero sí sabemos esto.

Después de Tisha B’av estamos en una trayectoria ascendente a las alturas de la alegría. El momento en que somos más íntimos con HaShem, Rosh Hashaná y Iom Kipur. El viaje desde nuestro punto más bajo al más alto ocurre relativamente rápido, cuarenta nueve días desde abajo hacia arriba. Siete días por siete. Siete es el número de creación.

HaShem siempre está creando algo nuevo para nosotros. Tendremos fe en nuestra historia, fe en los demás y fe en que el cambio siempre llega.

Si bien el tiempo es diferente para los seres humanos que para Dios, y para nosotros, los mortales, puede parecer que el cambio es lento, para Dios, una vida humana no es más que un abrir y cerrar de ojos.

Que algún día miremos hacia atrás a este momento y descubramos que esta fue nuestra experiencia también.


Hola Mis Amigos.

First, let me send to you our admiration for the Cuban people who have done what the United States has been unable to do – to control the pandemic of Coronavirus. It is because of the discipline, and dedication of Cubans to each other, to community, that you have achieved this. Kol Hakavod.

I know that these are the most difficult of times in Cuba. The economic deprivation and uncertainty undermines everything.

It seems that the center is collapsing.

We Jews know much about losing our center.

We have just come through Tisha B’av, the blackest day on the traditional Hebrew calendar. We mourn the destruction of the center of Jewish life, Jerusalem. We mourn the things we have lost.

On our journey to the bottom of Jewish spiritual life took us through Shabbat Hazon, the Shabbat of Vision. Sadly, the vision we receive in our Haftarah, from the Prophet Isaiah, is a vision of destruction, misery, and death.

“What blow will fall next, as more and more violence and corruption is unleashed in the land? If the nation were a body, the whole head would be sick, and the whole heart faint;

From the sole of the foot even unto the head there is no soundness in it; but wounds, and bruises, and festering sores: they have not been treated, not bandaged nor soothed with medication.

Your country is desolate; your cities are burned with fire; strangers devour your land in your presence, and it is desolate.”

It is haunting to listen to these words spoken twenty five hundred years ago and look around us today.

But the vision of Isaiah reminds us also that our task is to work for health and peace.

Now, after Tisha B’av, we gather not only to mourn what was, but also to learn from it: to ask how did we get here, and what shall we do now with what we know?

Because we have survived so many destructions in our history, the Jewish people know better than any other that humanity is one. We the Jewish people and our God are one. The eternal Ejad.

Coronavirus knows no boundaries and no borders. It is happening to all of us.

There is no “them” there is only us and none of us is alone in this struggle.

We don’t know what happens next in our journey through the Valley of the Shadow of Death of Coronavirus. We do not know what is on the other side.

But we do know this.

After Tisha B’av we are on an upward trajectory to the heights of joy. The time when we are most intimate with HaShem, Rosh Hashanah and Yom Kippur. The journey from our lowest point to the highest happens relatively quickly, 49 nine days from the bottom to the top. Seven days times seven. Seven is the number of creation.

HaShem is always creating something new for us. We will have faith in our history, faith in each other, and faith that change always comes.

While time is different for human beings than it is for God, and it may seem to we mortals that change is slow, to God, a human lifetime is but the blink of an eye.

May we someday look back to this moment and find that this was our experience too.

 


Rabbi Sunny Schnitzer

By Rabbi Sunny Schnitzer.

Palabras del Torá / a “vort” of Torah from R’ Bella Bogart

Each month Bayit offers regular video “vorts” (words of Torah / teachings from Jewish tradition) offered in or translated into Spanish, designed for Cuban Jewish communities and available to Spanish-speaking Jews everywhere. This month’s video offering features a teaching from Rabbi Bella Bogart. The text follows the video, in Spanish and then in English.

 

Palabras del Torá / a “vort” of Torah – R’ Bella Bogart from Bayit: Building Jewish on Vimeo.

 

Shalom Javerim,

Es para mí un honor y un placer volver a hablar con ustedes y presentar una corta enseñanza sobre el significado profundo de esta temporada del año en el calendario judío.

Uno de los elementos que une a la gente y a los países del mundo es el uso de un calendario común. Casi todo los países, salvo unos cuantos en África y Asia, usan hoy una forma del calendario gregoriano, ya sea por sí solo (como en los Estados Unidos y Cuba) ya sea en combinación con otro sistema (por ejemplo India, Bangladesh o Israel).

El famoso teologo judío del siglo XX, Rabino Mordejai Kaplan, propuso que el pueblo judío muchas veces vive en dos civilizaciones, con un pie en cada mundo. Nuestro calendario hebreo refleja esa dualidad. Como judíos, somos capaces de celebrar fiestas laicas nacionales y culturales -por ejemplo, el 10 de octubre en Cuba y el 4 de julio en los Estados Unidos- como parte de nuestra cultura y, en tanto judíos, nuestros tiempos asignados, nuestros moadim, fluyen en un ritmo propio. Como nuestros vecinos, nos reunimos para celebrar y adorar, y hay veces que nuestros caminos se separan.

Aqui es útil recordar las formas en las que el calendario espiritual judío es diferente, sin importar donde vivimos.

El calendario laico que la mayor parte del mundo sigue es un calendario solar. Sus fechas están basadas en la posición relativa de la tierra con el sol, y a su vez relativa a las estrellas. Este calendario es de origen cristiano, y fija este año como el año 2020 basado en la vida de Jesús.

El calendario espiritual judío es diferente. En el tiempo judío, este año no es el 2020 sino el 5780, a partir de la narrativa biblica de la creacion, y sus fechas estan basadas en los ciclos de la luna. Dado que los doce meses lunares son ligeramente más cortos que un año solar, ocasionalmente ajustamos el calendario para que las fiestas se alineen con sus estaciones originales.

Ahora, me gustaria hablar de vivir en “tiempo judío” y como los ciclos de nuestro calendario reflejan y promueven el viaje de nuestras almas.

El rabino Jonathan Kliger escribe: “Una forma fabulosa de aproximarse a la sabiduria de la tradición judía es estudiar el ciclo anual de las fiestas y estaciones sagradas. Cada tiempo del año posee un propósito espiritual alineado con los ciclos de la naturaleza. Visto de esta manera, al atravesar todo el calendario judío, nos encontramos con todos los temas de la vida humana experimentando el año entero como una senda espiritual. Esto es lo que llamamos vivir en “tiempo judío”.”

En esta epoca del año, correspondiente grosso modo con el mes laico de julio, los judíos llegamos a un nicho especial dentro del calendario judío. Es un intervalo para procesar la energía de duelo y pérdida, de dolor por la destrucción y la violencia que cargamos con nosotros- antes de movernos hacia el siguiente viaje de curación y renovación de las Altas Fiestas de Rosh Hashana y Yom Kippur.

Este año, Julio comienza en la mitad del mes hebreo de Tammuz y transiciona al mes hebreo de Av. Es durante este tiempo que encontramos el periodo simplemente conocido como “las tres semanas”. Entre el 17 de Tammuz (este año cae el 9 de julio) y Tisha Beav (en este año, el 30 de julio), las tres semanas son tradicionalmente consideradas un tiempo de desventura histórica para el pueblo judío. Muchas tragedias y calamidades se atribuyen a este periodo, incluidas entre otras: la ruptura de las tablas de la ley por Moisés al ver a la gente adorando al becerro de oro, la destrucción de los dos templos de Jerusalén. Más tarde, se añadio a esta lista desventuras como la expulsion de los judíos de España, asi como el comienzo de la Primera Guerra Mundial. Es un tiempo de duelo general.

Mi padre, un refugiado de la Austria de Hitler, solía sollozar y decir: “Oy, shver tsu zain a yid!” (¡Cuán difícil es ser judío!) Yo no me podia conectar con esta afirmación. Y mas concretamente, con relacion a las tres semanas, era dificil para mi encontrar poder o inspiracion en la idea de que el que pueblo judío -o cualquier pueblo- podia ser un imán de tragedia, una victima mundial. De ese modo entendía yo, cuando era joven, lo que decía mi padre.

Mi yo joven sentía que era hora de abandonar esa vieja pesadez, el “fardo” de ese tipo de judaísmo, y en vez centrarme en los aspectos del judaísmo que celebraban y afirmaban la vida. No entendía los ayunos y el llanto, o abstenerse de cortarse el cabello, de afeitarse o de ir a fiestas, solo para lamentar la pérdida de un templo de Jerusalén hace dos mil años. Un templo que muchos de nosotros no querríamos ver restaurado en nuestros tiempos.

Por esto, es un poco sorprendente que con el tiempo haya encontrado un significado tan profundo en la práctica de honrar estas tres semanas. La edad y la experiencia muchas veces nos llevan a nuevos tipos de entendimiento. Este significado profundo es el que quiero compartir con ustedes.

Mi relacion con este periodo de tres semanas en el calendario judío es indicativa de una apreciacion aprendida de TODOS sus ciclos. He aprendido a apreciar como “vivir en tiempo judío” puede enriquecer nuestras vidas. Como individuos y comunidades, hemos sido dotados de un ciclo anual que nos invita a zambullirnos en la amplitud de la experiencia humana. Nos brinda oportunidades de ritualizar nuestras alegrías, al igual que nuestras penas. Al vivir el ciclo anual de “tiempo judío” nos permite sentir y procesar cada año mas profundamente, y a la vez nos conecta con nuestro núcleo divino, con nuestra resiliencia, y tal vez lo mas importante, con nuestra compasion.

Viajamos por el año judío, contando y recontando nuesta historia colectiva como un pueblo judío global, recordando, reviviendo como si todos nosotros estuvieramos en este viaje. ¿Y acaso no lo estamos? Todos experimentamos revelaciones milagrosas, pérdidas desoladoras. Ansiamos nuestra libertad y algunas veces experimentamos redención, revelación. La Torá no es sólo la historia de nuestro viaje colectivo, esta es el mapa de ruta para el alma individual.

Así, cuando observamos, ritualizamos nuestra propia experiencia así como el recordar de nuestro pueblo. Al celebrar nuestras alegrías compartidas y marcando nuestro luto comunitario, entendemos que la nuestra no es una experiencia solitaria. Reconocemos la divinidad presente en los momentos buenos y en los malos. Que la fuente de nuestras bendiciones y dificultades es, últimamente, una y la misma.

Llegamos a entender – no sólo con nuestras mentes sino dentro de nuestros corazones y nuestras almas – que Dios comparte nuestras alegrías y no nos abandona cuando nos sentimos más solos y asustados. Aprendemos y reaprendemos esto para que cuando necesitemos a Dios, sepamos exactamente dónde buscarlo: en Dios y en nuestra conexión global judia.

Que sea así para ustedes. Con bendiciones para todos ustedes.

Shalom.

 

SHALOM CHAVERIM. IT’S MY HONOR AND PLEASURE TO SPEAK WITH YOU AGAIN AND SHARE A BRIEF TEACHING ABOUT THE DEEP MEANING OF THIS TIME OF YEAR ON THE JEWISH CALENDAR.

ONE OF THE THINGS THAT UNITES MOST PEOPLE AND COUNTRIES OF THE WORLD IS A COMMON CALENDAR.  ALL BUT A HANDFUL OF COUNTRIES IN AFRICA AND ASIA USE SOME FORM OF THE GREGORIAN CALENDAR, EITHER BY ITSELF (LIKE THE U.S. AND CUBA), OR IN CONJUNCTION WITH ANOTHER SYSTEM (FOR EXAMPLE INDIA, BANGLADESH AND ISRAEL).

THE FAMOUS 20TH CENTURY JEWISH THEOLOGIAN, RABBI MORDECAI KAPLAN, PROPOSED THAT JEWISH PEOPLE OFTEN LIVE IN TWO CIVILIZATIONS, WITH ONE FOOT IN EACH WORLD. OUR HEBREW CALENDAR REFLECTS THAT DUALITY. AS JEWS, WE ARE FULLY ABLE TO EMBRACE SECULAR NATIONAL AND CULTURAL HOLIDAYS – FOR EXAMPLE OCTOBER 10TH IN CUBA AND THE 4TH OF JULY HERE IN THE UNITED STATES –  AS PART OF OUR CULTURE. AND, AS JEWS, OUR DESIGNATED TIMES, OUR MOADIM, FLOW IN A RHYTHM ALL THEIR OWN. LIKE OUR NEIGHBORS, WE GATHER TO CELEBRATE AND WORSHIP; THERE ARE TIMES THEN WHEN OUR PATHS DIVERGE. 

HERE IT’S HELPFUL TO REMEMBER HOW THE JEWISH SPIRITUAL CALENDAR IS DIFFERENT, ANY WHY THAT’S IMPORTANT NO MATTER WHERE WE LIVE.

THE SECULAR CALENDAR THAT MOST OF THE WORLD FOLLOWS IS A SOLAR CALENDAR.  ITS DATES ARE BASED ON THE POSITION OF THE EARTH RELATIVE TO THE SUN, WHICH THEN SEEMS TO MOVE RELATIVE TO THE STARS.  THE CALENDAR IS OF CHRISTIAN ORIGIN, AND DATES THE PRESENT YEAR AS 2020 – YEARS BASED ON THE LIFE OF JESUS.

THE JEWISH SPIRITUAL CALENDAR IS DIFFERENT.  IN JEWISH TIME, THE YEAR IS NOT 2020 BUT RATHER 5780 (FROM THE BIBLICAL ACCOUNT OF CREATION), AND ITS DATES ARE BASED ON CYCLES OF THE MOON. AND SINCE 12 LUNAR MONTHS ARE SLIGHTLY SHORTER THAN A SOLAR YEAR, WE OCCASIONALLY ADJUST TO KEEP OUR FESTIVALS IN ALIGNMENT WITH THEIR INTENDED SEASONS.

NOW – I WANT TO TALK A LITTLE BIT ABOUT LIVING IN “JEWISH TIME” AND HOW THE CYCLES OF OUR CALENDAR REFLECT AND SUPPORT THE JOURNEY OF OUR SOULS.

RABBI JONATHAN KLILGLER WRITES: “ONE FABULOUS WAY TO APPROACH THE WISDOM OF THE JEWISH TRADITION IS TO STUDY THE ANNUAL CYCLE OF HOLIDAYS AND SACRED SEASONS. EACH TIME OF THE YEAR IS ASSIGNED A SPIRITUAL PURPOSE THAT ALIGNS WITH THE CYCLES OF NATURE… TAKEN AS A WHOLE, WHEN ONE TRAVELS THIS WAY THROUGH THE ENTIRE JEWISH CALENDAR, ONE STRIKES ALL THE THEMES OF HUMAN LIFE, AND ONE EXPERIENCES THE ENTIRE YEAR AS A SPIRITUAL JOURNEY. WE CALL THIS LIVING IN “JEWISH TIME”.

DURING THIS TIME OF YEAR ROUGHLY CORRESPONDING TO THE SECULAR MONTH OF JULY, JEWS REACH A SPECIAL NICHE CARVED INTO THE JEWISH CALENDAR. IT’S AN INTERVAL FOR PROCESSING THE ENERGY OF GRIEF AND LOSS, AND ANY PAIN OF DESTRUCTION AND VIOLENCE THAT WE MIGHT BE CARRYING – PRIOR TO MOVING INTO THE UPCOMING HEALING AND RENEWING JOURNEY TO (AND THROUGH) THE HIGH HOLIDAYS OF ROSH HASHANAH AND YOM KIPPUR.

THIS YEAR, JULY STARTS IN THE MIDDLE OF THE HEBREW MONTH OF TAMMUZ AND TRANSITIONS INTO THE HEBREW MONTH OF AV. IT IS DURING THIS TIME THAT WE ENCOUNTER THE PERIOD KNOWN SIMPLY AS “THE THREE WEEKS.” BETWEEN THE 17TH DAY OF TAMMUZ (THIS YEAR, JULY 9) AND TISHA B’AV (THIS YEAR, JULY 30), THE THREE WEEKS ARE TRADITIONALLY CONSIDERED TO BE A TIME OF HISTORICAL MISFORTUNE FOR THE JEWISH PEOPLE. MANY TRAGEDIES AND CALAMITIES ARE ATTRIBUTED TO THIS PERIOD, INCLUDING AMONG OTHER THINGS, MOSES BREAKING THE FIRST SET OF TABLETS (WHEN HE SAW HIS PEOPLE WORSHIPPING THE GOLDEN CALF), AND THE DESTRUCTION OF THE TWO HOLY TEMPLES IN JERUSALEM. (LATER, FOLKS CAME TO INCLUDE LATER MISFORTUNES SUCH AS THE EXPULSION OF THE JEWS FROM SPAIN, AND EVEN THE BEGINNING OF WORLD WAR I.  SO, IT’S A TIME OF GENERAL SORROW.)

MY FATHER (A REFUGEE FROM HITLER’S AUSTRIA) OFTEN SIGHED AND PROCLAIMED, “OY, S’SHVER TSU ZAYN A YID! ( IT’S HARD TO BE A JEW!) I DID NOT RELATE.  AND, SPECIFICALLY REGARDING THE THREE WEEKS, IT WAS DIFFICULT FOR ME TO FIND POWER OR INSPIRATION IN THE IDEA THAT THE JEWISH PEOPLE — OR ANY PEOPLE, REALLY — COULD BE A TRAGEDY MAGNET, THE WORLD’S VICTIMS. THAT’S HOW I, AS A YOUNG PERSON, UNDERSTOOD WHAT MY FATHER WAS SAYING.  

BUT TO ME, IT FELT LIKE TIME TO SHED THAT OLD HEAVINESS, THE “BURDEN” OF THAT KIND OF JEWISHNESS, AND REVEL IN ITS CELEBRATORY, LIFE-AFFIRMING SIDE. I DIDN’T UNDERSTAND FASTING AND WEEPING, OR ESCHEWING HAIRCUTS, SHAVING AND PARTIES – ALL TO MOURN THE TWO THOUSAND-YEAR OLD LOSS OF A TEMPLE IN JERUSALEM. A LOSS, BY THE WAY, OF SOMETHING A GOOD NUMBER OF US WOULD NOT WANT TO SEE RESTORED IN MODERNITY.

PERHAPS, THEN, IT’S A BIT SURPRISING THAT I HAVE COME TO FIND SUCH DEEP MEANING IN HONORING THESE THREE WEEKS. AGE AND LIFE-EXPERIENCE OFTEN LEAD US TO NEW KINDS OF UNDERSTANDING.  THIS DEEP MEANING IS WHAT I WANT TO SHARE WITH YOU.

MY RELATIONSHIP WITH THIS THREE-WEEK INTERVAL OF THE JEWISH CALENDAR IS INDICATIVE OF A LEARNED APPRECIATION FOR ALL ITS CYCLES OF TIME. I’VE TRULY COME TO APPRECIATE HOW “LIVING IN JEWISH TIME” CAN DEEPEN OUR LIVES.  AS INDIVIDUALS AND COMMUNITIES, WE ARE GIFTED WITH AN ANNUAL CYCLE THAT INVITED US TO DIVE INTO THE BREADTH OF HUMAN EXPERIENCE. IT OFFERS US OPPORTUNITIES TO RITUALIZE OUR JOYS, AS WELL AS OUR SORROWS. LIVING THE ANNUAL CYCLE OF “JEWISH TIME: NOT ONLY ALLOW US TO FEEL AND PROCESS MORE DEEPLY EACH YEAR, IT CONNECTS US WITH OUR DIVINE CORE, OUR RESILIENCY AND, PERHAPS MOST IMPORTANT IN TODAY’S WORLD, OUR COMPASSION. 

WE TRAVEL THROUGH THE RITUAL YEAR, TELLING AND RETELLING OUR COLLECTIVE STORY AS A GLOBAL JEWISH PEOPLE, REMEMBERING, RELIVING… AS IF EACH ONE OF US IS ON THAT JOURNEY. AND, ARE WE NOT? WE EXPERIENCE MIRACULOUS REVELATIONS, CRUSHING LOSSES. WE YEARN FOR FREEDOM AND SOMETIMES EXPERIENCE REDEMPTION… REVELATION.  TORAH IS NOT ONLY THE STORY OF A COLLECTIVE JOURNEY, SHE IS A ROAD MAP FOR THE INDIVIDUAL SOUL.  

SO, WHEN WE PRACTICE, WE RITUALIZE OUR OWN EXPERIENCE, AS WELL AS OUR PEOPLE’S REMEMBERING. IN CELEBRATING SHARED JOY AND MARKING COMMUNAL LOSS, WE COME TO UNDERSTAND THAT OURS IS NOT A SOLITARY EXPERIENCE. WE RECOGNIZE AND ACKNOWLEDGE THE DIVINITY IN MOMENTS, GOOD AND BAD – THAT THE SOURCE OF OUR BLESSINGS AND OUR DIFFICULTIES, ULTIMATELY, IS ONE AND THE SAME. 

WE COME TO UNDERSTAND — NOT JUST UNDERSTAND WITH OUR MINDS, BUT KNOW DEEP IN OUR HEARTS AND SOULS — THAT GOD SHARES OUR JOYS AND HAS NOT ABANDONED US WHEN WE FEEL LOST AND AFRAID. WE LEARN AND RELEARN THIS, IN ORDER THAT WHEN WE NEED GOD THE MOST, WE WILL KNOW EXACTLY WHERE TO LOOK – TO GOD, AND TO THE WHOLE OF OUR GLOBAL JEWISH CONNECTIONS.

MAY IT BE SO FOR YOU.  BLESSINGS TO YOU ALL. SHALOM.

 

By Rabbi Bella Bogart. Translated by Rabbi Juan Mejia.

Palabras del Torá / a “vort” of Torah from R’ David Markus

Each month Bayit offers regular video “vorts” (words of Torah / teachings from Jewish tradition) offered in or translated into Spanish, designed for Cuban Jewish communities and available to Spanish-speaking Jews everywhere. This month’s video offering features a teaching from Rabbi David Markus. The text follows the video, in Spanish and then in English.

 

Palabras del Torá / a “vort” of Torah – R’ David Markus from Bayit: Building Jewish on Vimeo.


Shalom a mis hermanos y hermanas cubanos de Klal Yisrael, nuestra familia global judía que, cada dia, se siente más como una familia – a pesar de la distancia.

Espero y rezo que este mensaje los encuentre sintiéndose saludables, fuertes, resistentes y seguros.

La vista desde mi casa en Nueva York es muy diferente a la de hace un año.   Hace un año, me deje llevar y pensé que el mundo era un lugar más seguro y saludable de lo que verdaderamente es.   El coronavirus ha cambiado, para siempre, como yo veo el mundo, mi comunidad y toda comunidad.

Yo puedo imaginar algunas de las imágenes que el coronavirus — y también, las protestas, han traído a sus televisores y a sus dispositivos digitales.   Puedo sentir algunas de las experiencias que estos cambios globales han traído a sus tiendas, a sus familias y a sus barrios: más escásez, más racionamiento, mas penuria.

En la penuria,y tambien en las protestas, tornamos los unos a los otros.   Esta es la manera cubana de hacer esas cosas.   Es como los judios de Cuba han sobrevivido el “periodo especial” y toda adversidad – natural o humana – tanto antes como después.

Honrar nuestra humanidad esencial – y tornar a los demás de una causa colectiva – es una lugar común cubano que muchos norteamericanos olvidan a menudo.   Si bien hemos caído en la tentación de vernos como entes separados — los unos de los otros – el coronavirus nos está enseñando, una vez más, que  estamos interconectados.

El mundo necesita aprender esta lección en lo más profundo de nuestras almas, y, en el alma de nuestras sociedades.   Es una importante lección — y una lección, por demás, muy judía.

El judaísmo nos enseña que, a veces, sólo un cambio radical de perspectiva puede hacernos ver esta verdad y otras verdades fundamentales.   Hay tiempos en la vida, tan fuertes, que lo cambian todo.   En cada vida – en sus vidas y en la mía propia – hay momentos personales que nos transforman hasta el tuétano.   Estos momentos de transformación también son aquellos en los que sentimos más empatía, y esto no es una coincidencia.   Es una verdad espiritual fundamental.

La época del coronavirus no es solamente un época personal: es un momento global, es un momento para toda la humanidad.   Estos momentos cambian civilizaciones enteras, y suceden más infrecuentemente que nuestros momentos personales de cambio – pero igual suceden, ciertos como el flujo de la historia misma.

Justamente la semana pasada, el pueblo judio celebró uno de estos momentos colectivos.   Shavuot, la fiesta de la entrega de la Torá, es el aniversario en la tradición judía del momento en que Moisés y el pueblo de Israel estuvieron juntos en el Monte Sinaí.   La Torá describe que Moisés, y el pueblo, estaban juntos k’ish ejad – como una sola persona – pues solo así podrían recibir los Diez Mandamientos.   Unidos, como si fueran una misma persona, vieron el humo del Monte Sinaí.   Unidos como si fueran una persona, sus sentidos tan confundidos que literalmente vieron el trueno: contemplaron con sus propios ojos las palabras de Dios.

Este momento fue tan confuso que cambio la historia para siempre.   El judaismo, el cristianismo, el islam, el flujo del espíritu, el flujo de la historia misma — todo se remonta ultimamente al Monte Sinaí.

Ésta es una de las grandes contribuciones al mundo — no sólo la Torá, no sólo los Diez Mandamientos, no sólo las reglas del ético vivir – sino también la idea radical de que un momento de cambio de visión: cuando es compartida por todos, puede cambiarlo todo.

En el calendario judío, esto sucedió la semana pasada.   Hecho y cumplido.   La próxima gran fiesta es Rosh Hashaná en unos cuantos meses. – Y entonces, ¿ahora qué?

Tal vez, la lección más grande del judaísmo no es que los Diez Mandamientos hayan sido dados en una explosion de luz y amor en el Monte Sinaí, sino que la Torá no terminó – ahí en ese momento.   Después del Monte Sinaí hubo una gran travesía hacia adelante: ¡Hay más libros de la Torá de Moisés que ocurren después del Monte Sinaí que antes de este!

Esto nos enseña que nuestra Torá, y nuestro judaísmo, no son sólo colecciones de grandes momentos.   La Torá fue puesta en nuestras manos, por toda la posteridad, para cargarla y cumplirla dia tras dia, dondequiera que nos lleve la vida.

Esta es la lección profunda del ese mes que sigue a Shavuot. Es nuestra responsabilidad vivir estos valores, orgullosos de nuestra herencia, pero sin conformarnos con el heroísmo y las luchas de nuestros ancestros.   No se trata del pasado sino del ahora: la humanidad necesita de todo nuestro ejemplo de amor, de empatía y de conexión – no sólo en las fiestas, sino cada dia.

Ustedes fueron ejemplos claros de estos principios – para mí y mi comunidad de Nueva York cuando visitamos Cuba el otoño pasado.   Fue tangible, y muy especial para nosotros. Los judios de Cuba cambiaron para siempre nuestra manera de ver el mundo.   Sospecho que la experiencia no fue tan especial para ustedes, ya que está es su naturaleza día a día.

Ustedes son la prueba del principio judio de que la vida judía es más que fiestas.   Es el amor, la benevolencia, la compasión, y la empatía que nos mostramos los unos a los otros todos los días.   Estas son las grandes joyas de la Torá: amar al prójimo como a nosotros mismos, particularmente cuando esto es difícil.   Es está empatía, nuestra identidad y destino compartidos, que nos ayudarán a cumplir la Torá en nuestros días, durante este momento en que el coronavirus está transformando el mundo.

De mi corazón al de ustedes, les envio bendiciones de resiliencia y salud – y – de todo aquello que necesitamos para vivir estos valores eternos en un mundo que los necesita y nos necesita a todos.

Shalom Javerim.   


Shalom to my Cuban sisters and brothers among Klal Yisrael, our global Jewish family that feels ever more like a family even across the span of distance.  I hope and pray that this message finds you feeling healthy, strong, resilient and safe.

The view from my home in New York feels so different from this time last year.  This time last year, I let myself believe that somehow my world was safer and healthier than it actually was.  The coronavirus changed forever how I see the world, my community and every community.

I imagine some images that the coronavirus – and now the protests – have brought to your televisions and digital news feeds. I can sense some experiences that global shifts are bringing to your stores, families and neighborhoods – more shortages, more regulations, more hardship.

In hardship, we turn to each other.  It’s the Cuban way.  It’s how the Jews of Cuba survived the “special period” and every adversity – natural and human – both before and since.

Honoring our essential humanity – and turning to each other in common cause – is a Cuban truism that we Americans too often forget. If ever we are tempted to regard ourselves as separate from each other, the coronavirus is teaching us yet again how interconnected we are.

The world needs to learn that lesson deeply in our own souls, and in the souls of our societies.  It’s an important lesson — and a very Jewish lesson at that.

Judaism teaches that the more people empathize with each other — the more our lives feel connected on the inside — the more we and our world can heal its rifts and injustices. Empathy is the felt sense that what happens to you happens to me. Empathy grows in shared experience and in knowing deeply that our fate is intertwined.

Judaism also teaches that sometimes only a radical change of perspective can help us see these and other fundamental truths.  Times in life come that are so big that suddenly they change everything.  Into each life, into your lives and my own, come those personal moments that transform us to our core.  Those transformation moments happen also to be the moments that we most feel our empathy – and it’s no coincidence.  It’s core spiritual truth.

This coronavirus moment isn’t only a personal moment: it’s a global moment, a moment for all humanity.  Moments that shift whole civilizations come more rarely than our own individual moments, but they come as sure as the flow of history itself.

Just last week, Judaism celebrated one of those collective moments.  It was Shavuot, the festival of receiving Torah, Jewish tradition’s anniversary of the moment when Moses and the Children of Israel stood together at Mount Sinai.  Torah recounts that they stood together k’ish echad — like one person – for only together could they receive the Ten Commandments.  Together as one, they saw Sinai smoke.  Together as one, their senses were so scrambled that they actually saw thunder: they saw the words of God.

That moment was so scrambling that it changed history forever.  Judaism, Christianity, Islam, the flow of spirit, the flow of history itself — they all trace back through Sinai.

It’s one of Judaism’s great contributions to the world — not just Torah, not just the Ten Commandments, not just rules for ethical living – but also the radical idea that a single moment of changed vision, shared together as one, can change everything.

On the Jewish calendar, that was last week — over and done.  The next major holiday is Rosh Hashanah months ahead.   So what now?

Maybe Judaism’s greatest teaching isn’t that the Ten Commandments were given in a burst of light and love on Mount Sinai, but rather that Torah didn’t end right then and there.  After Sinai there was a great journey ahead: far more of Torah’s Five Books of Moses come after Sinai than before!

We learn that our Torah, and our Judaism, aren’t about big moments only.  Torah was given into our hands for all of time to come – to carry and fulfill day after day, wherever life take us.

That is the deep meaning of this month following Shavuot.  It is on us to live those values, proud of our heritage but not resting on the heroism and struggles of our ancestors.  It’s not about then but about now: humanity needs every example of love, empathy and interconnection that we can offer — not just on holidays but every day.

You exemplified those principles to me and my community in New York, when we visited Cuba last autumn.  It was palpable and very special to us.  The Jews of Cuba changed forever how we see the world.  I suspect it all felt far less special to you, because it’s how you are.

You prove the Jewish principle that Jewish life is more than festival days.  It’s about the love, kindness, compassion and empathy we show each other every day.  These are the great jewels of Torah — to love another as we love ourselves, even when it’s difficult.  It is empathy, our shared identity and shared fate, that will help fulfill Torah in our own day, in this coronavirus moment now transforming the world.

From my heart to yours, I send blessings for resilience and health, and for all that we need to live these timeless values in a world that needs them — and needs us all.  Shalom chaverim.

By Rabbi David Markus. Translation by Rabbi Juan Mejia.

Mayo 2020 Palabras del Torá / May 2020 Words of Torah from R’ Rachel Barenblat

Palabras del Torá / a “vort” of Torah – R’ Rachel Barenblat from Bayit: Building Jewish on Vimeo.

Each month Bayit offers regular video “vorts” (words of Torah / teachings from Jewish tradition) offered in or translated into Spanish, designed for Cuban Jewish communities and available to Spanish-speaking Jews everywhere. This month’s video offering features a teaching from Rabbi Rachel Barenblat, translated into Spanish by Rabbi Juan Mejia. The text follows, in Spanish and then in English.

Shalom javerim.  Espero que estén tan bien como puedan estarlo en este dolorosos momentos de pandemia.  Ocupan un lugar en mi mente y en mi corazón. 

Este es uno de mis tiempos favoritos del año.  No sólo porque finalmente ha llegado la primera en el lugar en el que vivo, sino porque en esta temporada estamos en un viaje de marcar el tiempo juntos.

En la segunda noche de Pésaj, comenzamos a contar el Omer.  Contamos el Omer durante 49 días.  Hace mucho tiempo, comenzábamos estos 49 días con una ofrenda de cebada, y terminamos estos 49 días con una ofrenda de trigo: los primeros frutos dados a Dios.  Después de la destrucción del Templo, aprendimos a entender estas siete semanas como un tiempo de preparación para recibir la Torá en el Monte Sinaí.  Nuestra cosecha no es dada en grano, sino en el crecimiento interno de nuestros corazones y nuestras almas.

Para nuestros místicos, estas siete semanas se convirtieron en una oportunidad para reflexionar sobre las siete cualidades que compartimos con nuestro Creador.  Jésed- amor abundante. Guevurá – límites y fuerza.  Tiféret – harmonía y balance.  Netzaj – duración y persistencia.  Hod – humildad y esplendor.  Yesod – nuestras raíces y nuestra capacidad de generación.  Maljut – nobleza y presencia.  Cada semana y cada día de cada semana, está dedicada a una de estas cualidades.  Cada día del Omer iluminamos una faceta diferente de este trabajo interno que estamos llamados a acometer. 

Cada noche, la cuenta del Omer nos invita a hacer una pausa y notar dónde estamos en el flujo del tiempo.  Bendecimos a Dios quien nos hace santos al conectarnos-ordenarnos y quien no manda a contar el Omer.  Y decimos, en voz alta, el número que corresponde al nuevo día que comienza.   Amo esta tradición porque me invita a notar el paso del tiempo.  Me llama a estar presente en el momento. Y me invita a pensar sobre estas siete cualidades- amor, límites, balance, duración, humildad, arraigo, presencia —- y cómo debo incorporarlos en mi vida.

En estos tiempos de pandemia, creo que necesitamos estas siete cualidades aún más.  Necesitamos amor para motivarnos a seguir.  Necesitamos límites saludables para mantenernos seguros.  Necesitamos balance entre nuestros anhelos y nuestros miedos.  Necesitamos perseverar.  Necesitamos ser humildes.  Necesitamos ahondar nuestras raíces. Y necesitamos estar presentes con los demás y con Dios, aún cuando estar presentes es doloroso.

Al final de este viaje de trabajo interno llega Shavuot: el aniversario del día en el que recibimos la Torá en el Monte Sinaí.  Contar el Omer conecta la liberación con la revelación.  Fuimos liberados del lugar estrecho para un propósito:  recibir la Torá y estar en un pacto con Dios.

Todos estábamos juntos en el Monte Sinaí: cada alma judía que ha existido o existirá.  Contar el Omer es como contar los días que faltan para una reunión familiar.  En Shavuot, nos levantamos para recibir la Torá nuevamente: dondequiera que estamos, quienquiera que seamos.  Aunque no podemos encontrarnos en persona, por la pandemia y por las muchas millas de distancia que nos separan, nos encontraremos en el Monte Sinaí con el espíritu y el corazón.  Que tu viaje del Omer sea significativo y dulce.


Hello friends. I hope you are doing as well as any of us can be in these difficult times of pandemic. You have been much on my mind and in my heart. 

This is one of my favorite times of the year. Not only because it is finally spring where I live — but because at this season, we’re on a journey of marking time together.

On the second night of Pesach, we began counting the Omer. We count the Omer for 49 days. Long ago we used to begin those 49 days with an offering of barley, and we’d end the 49 days with an offering of wheat — a first-fruits offering given to God. After the Temple was destroyed, we came to understand these seven weeks as a time of preparing ourselves to receive Torah at Sinai. Our harvest now is not grain, but the inner growth of our hearts and souls. 

For our mystics, these seven weeks became an opportunity to reflect on seven qualities that we share with our Creator. Chesed – abundant lovingkindness. Gevurah – boundaries and strength. Tiferet – harmony and balance. Netzach – endurance and persistence. Hod – humility and splendor. Yesod – our roots and our generativity. Malchut – noility and presence. Each week, and each day within each week, is dedicated to one of these qualities. Every day of the Omer we illuminate a different facet of the inner work we’re called to do.

Each evening, the Omer count invites us to pause and notice where we are in the flow of time. We bless God Who makes us holy in connecting-command and Who commands us to count the Omer. And we say, aloud, what number the new day will be. I love this tradition because it calls me to notice the passage of time. It calls me to be present in the moment. And it invites me to think about those seven qualities — love, boundaries, balance, endurance, humility, rootedness, presence — and how I want to embody them.

In this time of pandemic, I think we need those seven qualities even more. We need love to keep us going. We need healthy separations to keep us safe. We need balance between our hopes and our fears. We need to persevere. We need to be humble. We need to grow deep roots. And we need to be present to each other and to God, even when being present is hard. 

At the end of this journey of inner work comes Shavuot: the anniversary of the day when we received Torah at Sinai. Counting the Omer links liberation with revelation. We are freed from the Narrow Place for a purpose: to receive Torah, and to be in covenant with God. 

We were all there at Sinai: every Jewish soul that has ever been or ever will be. Counting the Omer is like counting the days until a family reunion. On Shavuot, we will all stand together to receive Torah anew: whoever we are, wherever we are. Even though we can’t convene in person — because of the pandemic, and because of the miles between me and you — I’ll see you at Sinai in my spirit and in my heart. May your Omer journey be meaningful and sweet.

 

By Rabbi Rachel Barenblat. Translated by Rabbi Juan Mejia.